BEN HA ADAM
Canto al Hijo del Hombre.

 

Esta es la historia eterna de un solo sacrificio, de un hombre que se dio entero, siendo inocente, para salvar a los culpables: el Hijo del Hombre: Jesús, el Cristo del Dios viviente.
Esta es la historia y no hay otra. El ser divino se hizo un hombre y vivió entre los hijos de los hombres, en la tierra. Vino un día, conocido desde el inicio del tiempo, antes que las escarchas conocieran el frío y que las almas ateridas sintieran su necesidad. Vino desde siempre y se marchó a su eterna morada. Hoy, se sucede uno a uno el vivir, gracias a su aliento, al soplo de su vida que en nosotros dejó. El, el sublime, el guerrero del viento, el sincero, el noble: Nuestro Señor.

Algunos piensan que no está, otros que nunca existió. Los otros que es solo un hombre que vino y se fue. El que anduvo sobre estelas predeterminas de blancas espumas: El sobrio, el recto. El que amonestó a los mares y a las tempestades.
El que amaba con su mirada. Ecce homo.

Es Jesús: Un Rey  a quien negaron su reino, un paria, el hijo de carpintero.
Así lo vieron los unos.

Los otros se descolgaron de sus privilegios cual racimos secos de uvas de templanza, hacia sus pequeños altares, con vírgenes dispuestas y eunucos transgresores. Hacia sus caminos miraron hasta hoy, desdeñando el vacío y su plenitud. El oro distrajo lo esencial y sus territorios abarcaron los ámbitos oscuros del descontento, y en los agónicos pálpitos de sus vidas se embriagaron en sus efímeros poderes.

Estuvo tan cerca de ellos que su aliento de rosas les tostaba sus rostros, el aroma de su caminar les llenó las retinas de no ver. La melodía de su voz perfumaba los días dispuestos al oprobio y la vergüenza y aún así no lo retuvieron. Miraron al Santo y no lo vieron. Pudieron tocar el cielo pero negaron el barro.

 

 

 

Para otros no se fue y perdura .Va siempre adelante como el impulso del día y siembra de esperanza el trasfondo de los patios de sus almas. La puerta está abierta y nada la cierra porque lo ha establecido un mediodía eterno, inmutable y bendito. Más allá como monedas de plata la Fe redonda cae en los cielos impávidos de los hombres en la tierra.

Alerta la vida vigila a los suyos, a los hijos de los hombres, quienes lo niegan día a día, con esmero y solicitud: Organizados y siniestros niegan su divinidad, su Todo Poderío.
 
Entretanto, los únicos, sus hijos del suelo, tan solos y tan acompañados llevan la buena noticia de que está vivo el que se fue donde los muertos. Que tiene la llave y la Puerta abierta. Que volvió al tercer día  y nunca más se irá y nos dejará en la oscuridad.
Nuestro Señor vive: Marana tha  y es eterno como el Amor mismo.

Solo tú eres digno señor de toda gloria. El bello. Solo tú eres el bueno en la batalla Perfecta. Tu presencia tiene aroma de santidad y de paz. Donde tú pisas Señor es tierra santa. Tu Palabra es viva como tú: Verbo de Dios. Tu me creastes al hablarme. Conozco tu voz desde la remota solicitud del barro. Alfarero divino. Me gustaría ser ángel un solo instante para cantar en los cielos tus hazañas acá en la tierra. Ninguno ha sido como tú. ¡Nadie!  Ningún hombre ha tenido ni tu nobleza ni tu valentía. Solo tú has alzado la misericordia como bandera de justicia. Nadie se acerca a ti más arriba de tus tobillos.
Tú eres Señor perfecto en la humilde condición del que sirve. Tu eres Rey porque sí, tu haces los reyes en la tierra y les enseñas a reinar. Tú hiciste los reinos, de hombres e insectos, para que sepamos del orden y conozcamos la grandeza.

 

Tú caminas como un Dios que viene. Tú hablas con amor y cada palabra tuya es ungüento. Para ti todo esta consumado y tu Paz es infinita y  solo cuando nos miras somos. ¡Bendito eres Señor mío  y Dios mío! Hijo del hombre y Cristo de Dios.

Siempre en ti,

Amen.
 
 
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