Una
insólita mocha judicial tiene enfrentados en tribunales
al Hospital San Juan de Dios y a Raúl Moraga, un testigo
de Jehová que debe ser operado de urgencia de la cuchara
y que se niega terminantemente a recibir una transfusión
de sangre -aunque sea vital para continuar viviendo- porque su
religión se lo impide.
El tira y afloja comenzó cuando dicho centro asistencial
interpuso un recurso de protección, a fin de obligarlo
a aceptar el plasma sanguíneo de otro cristiano para entrar
a picar con el bisturí, y continuóayer con la apelación
de Moraga, que quiere ingresar al quirófano, pero sin que
le enchufen ni un centímetro cúbico de sangre ajena.
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Raúl
Moraga (56) ha sufrido dos ataques al cuore y en la actualidad
su salud está bastante complicada.
(Foto: Edmundo Romero)
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Apoyado
por el abogado Hugo Gutiérrez, el testigo de Jehová
decidió apelar al recurso para que lo operen usando el
sistema de los expandidores, una mezcla líquida que en
parte puede reemplazar a la sangre.
Aunque
en otros recintos asistenciales, como el Hospital Clínico
de la Universidad Católica y el de la Chile lo pueden atender
de esta manera, el costo cercano a 6 millones de pesos no le permite
cubrir los gastos.
Dado que Moraga es cotizante de Fonasa, sólo tiene la alternativa
del San Juan de Dios, que es donde se controla, y si bien la cuenta
se le alivia caleta, ahí no puede dar cumplimiento a sus
preceptos religiosos.
Los expandidores son soluciones a base de agua salina y otros
componentes que reemplazan la sangre y es el único compuesto
aceptado por los Testigos de Jehová para practicarse algún
tratamiento médico.
Moraga necesita con urgencia que le instalen en la cuchara dos
by pass para seguir viviendo con relativa normalidad, pero como
no quiere recibir en su cuerpo sangre de otra persona, el caso
llegó hasta los tribunales de justicia.
"En mi caso y el de otros hermanos, no respetan nuestros
principios básicos, nuestra religión y los derechos
humanos que todos tenemos. Es extraño que los médicos
quieran salvarnos la vida, pero sin respetar nuestra voluntad",
sostuvo el hambrón.
Añadió que tampoco está dispuesto a someterse
a la transfusión, porque no confía en los sistemas
de seguridad que se emplean para mantener la sangre limpia y libre
de virus.
Don Raúl, como es conocido en la villa Las Palmas de la
comuna de Peñaflor, ha sufrido dos infartos: El primero
en agosto del año pasado y el otro el 28 de noviembre,
cuando estuvo a punto de abandonar este mundo.
En otros casos similares, personas de esa religión también
han rechazado sangre de donantes, pese a la posibilidad cierta
de morir, porque sus creencias no permiten las transfusiones.
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