El sermon maquillado
El drama de vida

 

Si viéramos el drama de la vida en su plenitud no podríamos soportarlo, apenas nos bastan nuestros propios sufrimientos. Si miráramos el escenario y sus personajes, si bajo sus máscaras alcanzáremos a ver sus rictus, si aprendiéramos del mutismo, del respirar del monólogo propio sabríamos de la trama y del desenlace. Allí estaríamos como espectadores ausentes, impávidos, neutrales, pronto a ser sacados de escena. ¿No es lo que Apocalipsis  3:16 dice?  Por cuanto eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

¿Cuántos se lavan las manos de sus propias obras encarnando a Pilato en esta representación cotidiana?

La vida que vemos es esto. Esto que vemos es el mundo. El de la apariencia y el engaño, nada más natural que la inclinación a la representación, al acceso directo sin entrada: A la jaula del pajarero, a la pertenencia interior del maestro del déguisement, de los falsos profetas, a la mascarada de la procesión y del ritual.

Allí está el ámbito de las falsas profetisas donde se maquillan los sermones como se delinean sus ojos las que no han salido de Egipto, acompañadas de sus empolvados eunucos. La comparsa despliega su sacro organismo avanzando de casa en casa, buscando la lumbre del hogar,  en su plena algarabía, para dividir y matar.

 

En la transformación del ente de la oscuridad en mensajero de la luz,  necesita del buen maquillaje y este empieza en el sermón que no es sino un libreto de púlpito en que se desarrolla la actuación del ausente. Lo demás es superchería, utilería desgastada de escenografía, nada más.

Para los hindúes maya es la diosa de la apariencia, y ella lanza un velo sobre la humanidad para que el hombre no vea sino de acuerdo a su propio parecer y no las cosas ni los seres como realmente son, de acuerdo a su verdadera e intima naturaleza.

Los hebreos desde el comienzo de su cultura hablaban del hombre interior y del hombre  que los otros ven, el hombre exterior.

Jesucristo enseña que solo el espíritu del hombre que está en él puede conocerle como hombre. 1 corintios 2:11. “Nadie conoce al hombre sino el espíritu del hombre que esta en él”. 

Cuando el Señor de los señores habla que su reino no es de este mundo se refiere a la apariencia. Pablo lo dice de este modo: No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven  pues las cosas que se ven  son temporales, pero la que no se ven son eternas. 2 Cor 4:18.

El que anda por fe ya está en la eternidad,  su circo de tres  pistas aparece al abrir los ojos y creer en lo que ve, en leones rugientes y domadores que acomodan sillas perfectamente alineadas para presentar el desfile de los hombres religiosos y su séquito vestidos del despampanante oropel de sus privilegios, acólitos del error, que asisten al mundo que día a día se pare a si mismo, con fingidos dolores de parto.

Si usted anda por la vida mirando las cosas que se ven , solo está observando en el escenario la representación  material, el rol físico, la representación externa del ser, el vestuario para la época, la escenografía  para el interés de su propio drama, de su obra,  con un desenlace escrito para lo temporal, con fechas cronológicas, con tempos para que se rían los ciegos que creen ver, y para que los muertos que creen que viven y están muertos a pesar de sus grandes mise-en-scène se resuciten a si mismos;para satisfacer a los que se creen elegantemente vestidos y no obstante están desnudos. Para alabar al cobarde. Para bendecir los folletos y vender el agua bendita y la bendición. ¿Para que necesitaría la fe?

Pablo llama a esto andar por vista, 2 Corintios 5:7,  entrar en las catedrales, en los mall, en las verdulerías, en los templos hechos con manos de artistas, seguir a hombres brillantes, extasiarse en sus sabidurías y finalmente poner oídos a fábulas,  cuentos y mitología, a historias de viejas entrometidas.1 Timoteo 4:7.

Actores que pierden la vida al querer ganarla. Todo rol cronológico muere al final como alcanza  la muerte a todo aquel parido de mujer, crea o no en su libreto, en su destino histriónico. Cronos se almuerza a los que andan por vista en el último segundo y los aplausos se desvanecen como sábanas blancas, en su postrer estertor. La extremaunción se viste de ceniza, de alarde, es ya demasiado tarde para la temporada final. Además la escenografía ya ha sido completamente desmantelada. ¡Tanto sacerdote que ha representado su vida de balde!

 

 Los ángeles no solo ocupan papeles secundarios, en un reparto demasiado material a causa de la mente carnal, sino que se esconden en armarios  desvencijados, llenos de un maravilloso hastío. ¡El hombre se ha vuelto tan penosamente predecible!

El otro escenario, el que se juega en la eternidad es invisible, allí estamos los apóstoles de Cristo exhibidos por Dios como a la bajada del telón, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo teatral al mundo, a los ángeles y a los hombres. 1 corintios 4:9.

La tragedia del hombre es pretender, lavarse las manos como pilato, al desear no ser  participe de lo que le sucede al ultimo hombre sobre la tierra, como si la humanidad fuera un  simple traje que uno pueda colgar de noche en un perchero, y como si pudiésemos despojarnos de esta humanidad que a veces nos incomoda, mientras los enemigos invisibles adulteran los libretos porque no aman, en sus funciones, los happy end.

Como críticos de arte  los sanedrines modernos barajan, en sus mesas de tres patas, el mundo exterior construyendo edificios, templos, catedrales, salones del reino: muros para que lloren los incrédulos, juzgando todo a su paso: La obra esta allí, los personajes y los autores. El arquetipo marca en la frente al público que sigue llenando el teatral mundo, ya sin respiro.

La verdad desmenuzada, repartida como despojo de guerra ha diezmado al crédulo. Ha sacralizado sabáticamente a Cronos. Ha usurpado la sangre de las marionetas en funciones matinales, vespertinas y nocturnas.

Dionisios se complace en su butaca pues adora la religión y cada uno de sus actos. No hay nada que adore más Satanás que las religiones que parecen verdaderas y no lo son, ese siguen en deleite a la propia destrucción del personaje, y a la terrible sentencia del olvido.

El consenso ha llegado, el mundo protestante dejó de protestar y se cobija en los patios posteriores de la santa madre iglesia oficial chilena, la open mind, después de mucho  parir la chancha ya tienen un lugar en los escaños del senado y un día santo  en el calendario gregoriano de los santos. ¡Vaya avant première!

Las luces, que vemos con los ojos físicos, atraen a las mismas polillas a los mismos faroles. La religión ya no tiene obra nueva, todas son ya reestrenadas al cansancio, la originalidad solo está en la nueva creación del Dios viviente en Cristo, nuestra nueva tierra.

Solo allí el personaje ha dejado su atavío para ser finalmente una persona. Una perfecta persona, única, indivisible y eterna. Como a Dios le gusta.

La inquisición se fue de carnaval, y entre piruetas y malabares la religión guía la comparsa y las fiestas de las flores, mustias es verdad, de papel, de plásticos es cierto, de cementerio, pero flores al fin. El carnaval de la vida se embriaga de ilusión y de placer, y toda vida continúa en el carrusel de su caída, en jolgorios, en citas secretas de amantes secretos, para seguir negando su caída, el inminente descenso y la tragedia de ser papel de un solo acto.

 Representación del alma oscura en un desfile de disfraces mundanos, que parece atractiva, llena de misterio y que teatraliza el pecado.

Y el  fin  que el  tramoyista  espera ya cansado de fabricar  tiempos, nieve y     escarcha:
¿Cuando llegará?  ¿Y cómo llegará?

Estarán dos en un circo se tomará al hombre se dejará al payaso. Habrán dos bajo los reflectores se dejará al personaje se tomará la persona. Quedará allí la cáscara del espectáculo para liberar al ser. Lucas 17:32-35.

En los carteles de la última función la tierra reclama al polvo de volver al polvo, al lodo lo que es del barro. La libertad es espiritual, el viento va y viene a su antojo. Las carpas se ensanchan hasta elevarse por los aires. Ciertamente no será como Pirandelo que sus personajes buscarán al autor sino será el autor que vendrá para dar vida a la obra  nueva, esta vez con solo personajes buenos y de reparto, no necesariamente estrellas sino hombres, como a él le gusta, de carne y hueso. Lucas 24:39.

Los ángeles sólo son unos entrometidos, unos impertinentes y más les vale que no se dejen ver cuando se vuelvan a repartir roles, los estelares.

En el reparto de las ovejas trasquiladas los pastores que se declaran asalariados son los señores visibles, los líderes actuales que juegan el mismo rol de antaño, los que ofrecen y reciben el cash, y se abanican donde llega el moho y el orín, donde el oro del templo tiene mas valor que el templo mismo. Templos hechos de manos humanas, habitaciones para el despojo de una guerra no declarada, en donde los tribunales humanos están a sus pies, sujetos al  mal: Para defender al maldito.

Hay libertad para mentir, libertad para los cultos. La justicia humana ha alcanzado a Dios. La ciencia clona sus propios personajes para espectáculos privados, con mujerzuelas arrendadas como se arriendan los tractores en Ohio. No hay sino depósitos a plazo, bonos y acciones. Sólo nos queda  pagar  peaje para andar en el camino.

Ah, la  sacré  misère!

Demetrios sin plata ni orfebrería que se enfrentan en el teatro a un Pablo que se atrae a la ingravidez de la fe, que detesta a esa Artemisa hueca y sin alma, piedra de piedra, que no calienta ni crepita. Títeres de los pseudo actores de la vida que se representan a si mismos,   árboles de otoño sin frutos, dos veces muertos, que comen impúdicamente  ad Summum en doble función,  privada. Vergonzosamente privadas.  Judas: 12.

 En la preparación de la puesta en escena, en el templo de sus cuerpos, en la parodia de sus creencias los actores no tienen voz pues solo habla el director del elenco  con el creador de la pieza. ¡A que bueno un pueblo de mimos para difundir un evangelio sin palabra! 

El director del coro de ángeles en el cielo se inspira en los sonidos del dolor humano redimido por la luz. Millares en decenas componen una voz como cascadas de agua luminosa, vestidos de puertas giratorias, en su escenario del universo que empieza donde termina nuestra nariz. Personajes invisibles, transparentes, de diáfana presencia.

Y el Señor de la obra, el que hizo todo, sin doblez, así de fácil y de la nada. Y dijo sea lo que mi voluntad aspira y es. En el desarrollo del ensayo de su obra, se le llamó alfarero y a sus actores barro y a los otros fuego. Al coro dio tempo, de generación a generación, de piel a piel, hasta que venga el fin: Y entonces veremos el escenario completo, sin alegoría, sino tal cual es:

«Todos nosotros, a cara descubierta, reflejaremos como espejos la gloria de la presencia gloriosa  del Señor y nos transformaremos en esa misma imagen, de gloria en gloria, movidos por el Espíritu del Señor»  2 Corintios 3:18.

Y ya nunca más se maquillará la verdad sino que veremos la pura, y Santa Verdad. La cristalina palabra de nuestro Creador, la absoluta Verdad. La comedia de la vida habrá terminado pues ya consumado el tempo de la creación, y su obra ya  pasada se habrá bajado el telón.

Una nueva criatura ha llegado.

 

 
 

 

 
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