El vacio de la vida
Una depresión espacial
Una idea es bastante recurrente en nuestro tiempo y es que los días pasan más rápidamente que antaño y que el tiempo pareciera acelerarse. Este concepto se ha desarrollado fuertemente con la globalización y los estudios del mundo científico, al menos los astronómicos. El aceleramiento de estos tiempos seria efectivo sí sus teorías de que el universo todo está siendo atraído, de allí la aceleración del tiempo, hacia un hoyo negro, que terminará absorbiendo toda nuestra galaxia fuese acertada. El tiempo se acelera en su propio progreso y en esa bulliciosa precipitación el alma anhela la paz, el reposo. Este tiempo por su propia convulsión es un verdadero caldo de cultivo para todo tipo de sectas. Sin duda estamos ante el principio del fin argumenta el religioso. Este universo y esta visión escatológica de los religiosos, quienes a través del miedo llenan sus parroquias, salones del reino o sus templos, es un buen negocio. ¿Por qué esto? Porque el mundo físico tiene las mismas leyes del alma carnal, la cual a su vez, también sufre de depresión sintiéndose atraída hacia la muerte, al hoyo negro llamado sepulcro. Y es este temor, la mercancía religiosa, del cual se sirven los espíritus inicuos para subyugar las almas incautas. Jesucristo nos enseña que el libra a los que por temor a la muerte estaban durante toda su vida sujetos a servidumbre. Hebreos 2:15. La gente no encuentra una puerta de escape para su depresión. El peso de la liviandad del tiempo se vuelve angustia, las naciones respiran esta angustia. Job 38:22-23.
La depresión es ciertamente un arma del enemigo de la vida y sabiendo que la vida es Cristo Juan 14:6, podemos discernir que clase de espíritu se ocupa de esta labor. La depresión es una enfermedad del alma y así como los espíritus se oponen al evangelio así el alma, en ignorancia de la ley de Cristo, produce un juicio sobre el alma misma, de manera subconsciente y profunda, y este juicio que ejerce el alma sobre su propio ser, es inapelable y sin otra alternativa que la amnesia, y la persona, condenada por si misma, vive atada a este dictamen que en el fondo de su ser se niega a reconocer. Cuando el hijo del hombre dijo que perdonaba los pecados, desataba a las almas de sus propios juicios, los religiosos se atacaban a Jesús afirmando que solo Dios puede perdonar los pecados. Marcos 2:7-9. Nuestro Señor nos ha enseñado que el perdón es sanidad, perdonar es sanar. Las personas que no se perdonan terminan deprimiéndose y créame que no hay peor juez que la persona misma pues al tomar el juicio en sus manos ha tomado el lugar de Dios como hijo de hombre, el lugar de Jesucristo quien es el justo Juez, Juan 5:27, y como Pablo enseña con bastante claridad no debemos juzgar nada antes de tiempo, ni siquiera a nosotros mismos. 1 Corintios 4:3-5. El tribunal de Cristo no tarda. Este tipo de enfermedades, desconocidas para un sicoanalistas, desde el punto de vista espiritual tienen el mismo enfoque que se hace de un poseso, a quien solo se le reconoce su locura. El mundo espiritual, absolutamente abierto a Cristo, lo hace discernir en un varón a un espíritu mudo, quien sin ningún daño en sus cuerdas vocales no podía hablar pero al expulsar a “este demonio mudo” el hombre habló. Mateo 9:17, 25-26. En el mundo físico, científicamente hablando, el otorrinolaringólogojamás aceptará que un espíritu, un ángel rebelde a Dios, se haya posesionado de las cuerdas vocales del muchacho. Aunque sin duda alguna lo uno no excluye lo otro, su mal puede ser simplemente congénito. En las depresiones, es muchísimo más sutil el trabajo espiritual de estos enemigos de la vida, pues se atacan al universo moral de la persona y sobretodo impiden a estas almas la maravillosa noticia que Cristo murió por ella para pagar todos sus pecados, aun aquellos pecados que tan vergonzosamente quiere ocultarle a su propia alma. Su propia conciencia ha reemplazado a Dios. Se ha vuelto Dios al decidir lo bueno y lo malo por si mismo. Pero he aquí las maravillosas nuevas del Dios viviente que se nos manifiesta en su hijo Jesucristo para desatar de toda alma la prisión de la condena trayendo el perdón de sus pecados. Si los depresivos aceptarán que Cristo llevó su depresión hasta la Cruz y que la clavó allí dejarían de sufrir y entrarían en el gozo de su Señor. Pero Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. 2 Corintios 4:3-4
Cristo al predicar la salvación de las almas solamente por la fe acarreaba una estocada profunda y certera al diablo y a sus hijos, quienes negociaban, y negocian hasta hoy con las confesiones de los pecados de su prójimo y la manipulación de la salvación por obras de la ley, de la carne, o por poner en obra sus credos religiosos, reuniendo a las personas en templos hechos con manos humanas y sobretodo anteponiéndose entre Cristo y el Padre para mantener a los hombres sujetos a sus religiones, más ligados a ellos por el temor al castigo que por el amor de Dios. Aquellos que anteponen la iglesia a Cristo mismo, los que quieren empujar los bueyes con la carreta. Los testigos de Jehová que se levantaron contra el infierno católico someten a sus adeptos a un miedo terrible de morir en el armagedón al dejar la organización y viven en un perfecto desequilibrio basado más en lo que harán y no en lo que creen. El perdón sana al alma, descarga sus culpas, alivia la mente del pensante, limpia el alma que es como una casa con puertas y ventanas al exterior, y permite que entre la maravillosa luz del evangelio de Dios y sea, una vez separada para santificación, morada del Dios viviente, nuestro Padre espiritual, quien nos ha liberado de todo mal. Allí en la luz hay sanidad. Hay perdón.
El doctor Andrew Slaby, para graficar la depresión, lo explica así: “Imagínese el dolor físico más intenso que haya sufrido en su vida —la rotura de un hueso, un problema odontológico o un parto—, multiplíquelo por diez y réstele la causa; tal vez pueda hacerse una idea aproximada del sufrimiento en intensidad que ocasiona la depresión”. Réstele la causa. El paciente no se confiesa con un doctor, científicamente hablando. Lejos del sacerdocio oficial. No aceptando a los protestantes ni la religión en general. ¿Cómo se soluciona un problema del alma? ¡¡Por el amor de Cristo!! ¿Cómo? ¡¡Por el amor de Cristo!! Esta contradicción que es humana produce un desgaste emocional, en que la sustitución de la causa verdadera de la enfermedad debe ser presentada, como en el espectáculo de la vida, de manera digna, o al menos aceptable, primero al ego y luego como dice Pablo en espectáculo teatral en que el género humano se encuentra, frente a hombres y a ángeles. 1 Corintios 4: 9. La vida se vuelve una parodia y todo es un simulacro de la verdad íntima, personal, secreta, que la persona se niega a asumir. A partir de este instante la apariencia se exacerba y la pasión se vuelve poco a poco parte de un engaño y el principal argumento del sujeto, que es a la vez engañador y engañado, es que está solo y que su soledad es su única realidad. Nadie lo comprende, nadie sabe “su verdad” y por ende no puede contar con nadie. El engañador. Satanás, después de vencer a Pedro quiso hacer sentir solo a Jesucristo, hacerlo creer que porque todos sus discípulos lo habían abandonado ahora debía vivir su soledad. Pero el hijo del hombre, nuestro Jesús nos dice: Yo nunca estoy solo mi Padre siempre está conmigo. Isaías 41:10-11. ¡¡La soledad para Cristo es un engaño de Satanás!!
Enseñar a la gente que empieza a entrar en depresión que la soledad no existe, que hay una vida rica espiritual y que cuando más creemos estar solos es cuando mas estamos acompañados, cuando más expuestos estamos al mundo espiritual. Que el hijo del hombre, Jesucristo, es el sanador, el médico de los médicos y que en oración hoy podemos llegar por su intermedio a nuestro Padre, abrir nuestro corazón, y hacer lo que negamos hacer ante los hombres, contarle lo que nos aqueja, pedir su ayuda, arrepentirnos, pedir que nos limpie de todo mal, que recibimos el sacrificio de su único hijo, que nos cubra con su sangre y que nos de su Espíritu Santo. Luego espere, crea, y espere. Dios Padre, quien es el Dios vivo le responderá y usted será como todos los cristianos que testimoniamos que antes estábamos muertos en nuestros pecados y delitos hoy por la gracia de Dios tenemos vida eterna y abundante…en Cristo.
Que nuestro Señor los restaure, amén.
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