Cargar la Cruz
Los clavos de Cristo
Recuerdo una vez, antes de recibir a Jesucristo como mi salvador, mi Señor y mi Dios como dijo Tomás, Juan 20:28. Trabajaba de suplente jardinero en un hospital geriátrico en el sur de Francia, antiguo monasterio católico dado en arriendo y en el refractario, lugar donde comía había un cristo en la pared. A solas con él, pensaba que después de todo mi suerte no era tan mala, viéndolo allí clavado. Según mi turno de trabajo, a veces, servia a dos octogenarios sacerdotes que habían quedado en el monasterio en un lugar donde se amontonaban muebles antiguos de gran valor, vajillas, oleos y entre ellos había colgado en la pared un gran cristo en la cruz. Recuerdo a los sacerdotes y sus pesados cubiertos de plata labrada, y también recuerdo que ellos tocaban una campana de sobremesa para avisar a la cocina que había que servirlos. Pero lo que resultó imborrable para mi fue la revelación del dolor de mi Señor, en ese instrumento de muerte, que es la cruz.
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Entonces, ya hastiado del mundo, hablaba con él. Lo miraba en la pared clavado en la cruz. Y podía ver que tenía tres clavos: Uno en cada mano y uno en los pies. Tres clavos. Más tarde, al servir a los sacerdotes, observé que el Cristo que había allí en ese salón tenía cuatro clavos: Uno en cada mano y uno en cada pie. En mis momentos de sobremesa, solo en el comedor, pensaba ¿Por qué el Cristo que había allí tenia tres clavos y el otro cuatro? Un día le pregunto al sacerdote al servirlo en la mesa porque el Cristo que tenían ellos tenia cuatro clavos y el otro tenia tres, su respuesta aún está grabada en mi mente: “Capricho de artista”, dijo de manera desinteresada.
Que lejos estaba de mi Señor entonces, recuerdo que sonreí, y me dije a mi mismo. “Si los hubieran clavado a ellos en la cruz le interesarían el número de clavos”. El dolor ajeno había dejado de ser cuestión de importancia para esos pobres sacerdotes octogenarios. Quizás tenia razón de hacerme cargo yo de mi propia miseria, la religión ni siquiera se bastaba a si misma. Cuando me bautice en el pueblo de Jehová, en agua por inmersión completa, en una piscina de plástica “made in Taiwán”, creí que el cielo se abriría pero no pasó nada. Con el tiempo volvió el Señor a revelarse en la cruz, pero esta vez, en un “stauros”, en un palo enhiesto, un palo parado sin la madera transversal. (¿?). La cruz para mi no significaba nada, en realidad, el mismo “capricho de artista” podía permitirse cambiar la forma del madero de suplicio, para mi la cruz y la iglesia católica era lo mismo. El palo de tormento me daba igual. Me dediqué a comer lo que Watchtower, el Atalaya, ponía en mi plato, sin chistar. Los testigos de jehová me habían presentado un buen argumento, que a mi me pareció sólido, que yo mismo lo ocupé en varias ocasiones. El argumento es: Si a usted una horda de bandoleros le mata a su hijo con un puñal ¿Se colgaría al cuello un puñal para recordarlo? ¡No! responderá cualquiera persona sensata. Después argumentar sobre como la cristiandad adoraba la cruz era pan comido y los ejemplos sobrarían. Watchtower enseña en que forma Cristo fijado en un madero de acuerdo al libro de Deuteronomio 21:22-23 y porque otra vez se hace alusión a un madero y no a una cruz en el libro de Gálatas 3:13. Agrega en forma de explicación que la forma de la cruz ya existía en religiones paganas antiquísimas y que la cruz correspondía sin lugar a dudas a la religión falsa, y que la iglesia católica apostólica y romana, la incorporó a la biblia como una revelación de la forma de la adoración falsa. Pero muy pronto el “capricho de artista” volvería a aparecer pero esta vez vendría del departamento de diseño del Betel de Brooklyn, Nueva York y todavía era respecto al número de clavos con que fue expuesto Jesucristo en su último suplicio. Wacthtower negaba la cruz y tomaba el palo de tormento, el madero, como la verdad inapelable de Jehová, el gran Jehová de los ejércitos.
Pronto me percaté que Jesucristo no había muerto clavado a una estaca con un clavo en las manos y otro en los pies como enseñaba el Atalaya. "A mediados del siglo 3 d.C., las iglesias se habían apartado de ciertas doctrinas de la fe cristiana, o las habían pervertido. Con el fin de aumentar el prestigio del sistema eclesiástico apóstata, se recibió a los paganos en las iglesias aparte de la regeneración por la fe, y se les permitió mantener en gran parte sus signos y símbolos. De ahí que se adoptara la Tau o T, en su forma más frecuente, con la pieza transversal abajada, como representación de la cruz de Cristo." Pero ¿Y los clavos de Cristo? ¿Cuántos son finalmente? ¿Qué dice la escritura al respecto? Un buen día estudiando las escrituras, como lo he hecho desde el día que el Señor vino a mi vida, de manera perseverante, me encontré con el texto del apóstol Juan en que hace alusión a los clavos y cuán grande fue mi sorpresa al percatarme que el “cuerpo gobernante” no estaba recibiendo revelación de nuestro Señor, y que a pesar de que había sido puesto en advertencia de su error, continuaba declarándose enemiga de la cruz. Filipenses 3:18. Dice Juan 20:25 Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!" Él les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". Jesucristo había sido clavado con un clavo en cada mano, de allí la marca de los clavos en sus manos. Pero aún faltaba entender porque “esta forma de cruz” y no un simple madero. Una estaca. Los mismos Testigos de Jehová reconocen que la palabra griega que emplea el evangelio es "stauros", que ellos traducen como madero. La palabra griega "stauros" deriva de la letra "tau", que es la "T". Hace, pues, referencia no a un palo, sino a dos en forma de "T". Solamente que si en la muerte de nuestro señor fuera en un stauros “literal” esto es en un madero con otro transversal ¿donde clavaron el letrero los romanos? Puesto que según la palabra inspirada de Dios pusieron sobre su cabeza.
Los Testigos de Jehová siempre dibujan a Jesús con las manos extendidas hacia arriba y le ponen el letrero encima de sus manos. Pero la Biblia dice claramente que tenía el letrero encima de su cabeza, no encima de sus manos. Y si lo dice así es porque no tenía las manos extendidas hacia arriba, sino más bien tenía las manos extendidas hacia los lados; es decir, en forma de Cruz. Ahora, cada santo día doy gracias a mi Señor y mi Dios por el Espíritu que me da para entender su obrar, y dar cumplimiento a su palabra de que todo aquel que busque encontrará y sobretodo de que sólo aquellos que son de la Verdad (los cristianos pues la Verdad es Cristo) oiremos su voz. En cuanto al “cuerpo gobernante” de los testigos de jehová, ya puestos en conocimiento por los hijos de la luz de sus errores y persistiendo en ellos, se considera mentira, y el uso de la enseñanza falsa, es obra de Satanás, el “Dios” del sistema en que se encuentran los testigos que sirven a esta profetiza falsa. ¿Dónde empieza y dónde termina babilonia, la religión falsa, sino en la mentira? Ahora les basta arrepentirse y besar los pies del hijo del hombre, nuestro Señor. Tarde o temprano sus rodillas, todas, se doblaran ante Él cuando tengan que comparecer ante su tribunal.
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